Para abonar con moneda extranjera, ingresar a https://www.paypal.com/paypalme/ninapezediciones , abonar USD 12,00.- y enviar el comprobante del pago a ventasninapezediciones@gmail.com

    Envíos a todo el mundo.


    Grissa es una gata gris plata debido a un rayito blanco que le dio la luna. Antes era gris a causa de su tristeza y, mucho antes, cuando nació, no tenía color.

    A lo largo del cuento, intentará colorearse a través de diversas formas. Una de ellas es utilizando acuarelas. Así es como llegará a casa de Alay, una pequeña artista de cuatro años, quien acompañará a la gatita en la búsqueda de su identidad.



    El primer gatito se llamó Lylo, porque el hada lo había teñido de amarillo y blanco,

    con ojos del color de las lilas.

    Pero como se había olvidado los lentes,

    no vio a la segunda gatita que estaba debajo de una hoja de escarcha.

    Entonces tomó su pincel mágico y regresó a su castillo.

    Así fue que Grissa, que no siempre se llamó de ese modo, se quedó sin color.

    Ni siquiera era blanca. Y como no tenía color, su mamá y su hermanito se fueron sin saber que existía.

    Ella intentó llamarlos, pero su voz era muy suavecita, y el viento aullaba muy alto.

    Para abonar con moneda extranjera, ingresar a https://www.paypal.com/paypalme/ninapezediciones , abonar USD 12,00.- y enviar el comprobante del pago a ventasninapezediciones@gmail.com

    Envíos a todo el mundo.


    Grissa es una gata gris plata debido a un rayito blanco que le dio la luna. Antes era gris a causa de su tristeza y, mucho antes, cuando nació, no tenía color.

    A lo largo del cuento, intentará colorearse a través de diversas formas. Una de ellas es utilizando acuarelas. Así es como llegará a casa de Alay, una pequeña artista de cuatro años, quien acompañará a la gatita en la búsqueda de su identidad.



    El primer gatito se llamó Lylo, porque el hada lo había teñido de amarillo y blanco,

    con ojos del color de las lilas.

    Pero como se había olvidado los lentes,

    no vio a la segunda gatita que estaba debajo de una hoja de escarcha.

    Entonces tomó su pincel mágico y regresó a su castillo.

    Así fue que Grissa, que no siempre se llamó de ese modo, se quedó sin color.

    Ni siquiera era blanca. Y como no tenía color, su mamá y su hermanito se fueron sin saber que existía.

    Ella intentó llamarlos, pero su voz era muy suavecita, y el viento aullaba muy alto.

    Mi carrito