En un viaje por las estaciones del año y una pausa titulada “Islita”, nace Por si preguntás, un libro que recopila historias de amor, calor, frío y sentimientos encontrados. Inalcanzable o no, todo se vuelve canción o texto.

    Ternura, soledad, pasión y juego. Un conjunto de poemas que entrelazan paralelismos de encuentros y desencuentros en las calles porteñas. A cada parte podría asignársele un tango que acompañe los colores, esencias, sensaciones y pensamientos de esta voz, que calla y escribe invitándonos a atravesar, para salir del otro lado, un poco más livianos. Las costumbres pueden volverse dagas o una siesta al sol dependiendo de la estación.



    A veces

    (por si preguntás)

    los gatos duermen todo el día

    y el horario en el que la mañana se diluye entre las terrazas,

    ellos se alteran.

    Parece el último suspiro de la tierra.

    Y los peleo.

    Descubrí que mis horarios fueron siempre un templo.

    La desorganización

    disfrazada.

    Me adjudico la frazada que decidí robarte,

    y todas las espaldas

    que alguna vez rasqué.


    En un viaje por las estaciones del año y una pausa titulada “Islita”, nace Por si preguntás, un libro que recopila historias de amor, calor, frío y sentimientos encontrados. Inalcanzable o no, todo se vuelve canción o texto.

    Ternura, soledad, pasión y juego. Un conjunto de poemas que entrelazan paralelismos de encuentros y desencuentros en las calles porteñas. A cada parte podría asignársele un tango que acompañe los colores, esencias, sensaciones y pensamientos de esta voz, que calla y escribe invitándonos a atravesar, para salir del otro lado, un poco más livianos. Las costumbres pueden volverse dagas o una siesta al sol dependiendo de la estación.



    A veces

    (por si preguntás)

    los gatos duermen todo el día

    y el horario en el que la mañana se diluye entre las terrazas,

    ellos se alteran.

    Parece el último suspiro de la tierra.

    Y los peleo.

    Descubrí que mis horarios fueron siempre un templo.

    La desorganización

    disfrazada.

    Me adjudico la frazada que decidí robarte,

    y todas las espaldas

    que alguna vez rasqué.


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